El Dios -Insecto

 

El dios-insecto se desplomó de golpe emitiendo un chirrido estremecedor que recorrió el cuerpo de Irina como una descarga nuclear. Borchenka dejó escapar un suspiro ortodoxo tras una lucha desesperada y agónica en las entrañas de Pandelia el planeta loto. El laser había atravesado el correoso caparazón en un disparo casi a quemarropa. El cuerpo del bicho vibraba en agonía al borde de la charca.

La humedad más abyecta invadía todos los recovecos vegetales de Pandelia dificultando la respiración, cubriendo el cuerpo de un sudor pegajoso y casi corrosivo.

“Necesito una ducha” pensó Irina mientras recorría el camino de vuelta en el sinuoso laberinto vegetal.

La nueva nave requisada en el laberinto de chatarra había sido atraída al planeta loto por señales inconexas que probablemente indicaban civilización inteligente. Angustiada por su soledad hiperespacial Borchenka se había dejado llevar a un mundo de pesadilla, un mundo jungla aunque respirable…

Tras varias horas de exploración siguiendo la pista de las señales sónicas se adentró en un pasadizo flanqueado por ramas vivas, supurantes y ansiosas… Corredores, túneles, cavidades con cúpulas traslúcidas por donde se filtraba la luz espectral de un sol ignoto.

Caminando por un suelo pastoso como fango verde donde se hundían los tacones de sus botas llegó al fin a un recinto en forma de corola cuya base era una charca humeante y cálida de donde surgió el monstruo, similar a una gigantesca langosta.

Entonces las señales, los chirridos, comenzaron a tomar forma en el interior de su cabeza.

El dios-insecto le ofreció el mundo y la eternidad a cambio de su entrega y su compañía, del calor carnal de su cuerpo… infame bestialismo.

Pero antes que Borchenka pudiera escapar el monstruo de un salto le cortó el paso y la abrazó con los brazos correosos de su exoesqueleto acercando la repugnante mandíbula a su rostro aterrado, buscando su boca para besarla. Ágil, Irina volvió el rostro con repugnancia y se revolvió intentando zafarse al notar el apéndice monstruoso que pujaba en el vientre del dios-insecto vibrando contra su pubis. Pero no podía, el bicho la alzó en el aire. Ella comenzó a patalear. Cayeron en la charca revolviéndose, rodando, el monstruo intentando la infame cópula.

Irina se revolvía como una tigresa de la estepa, pataleaba y buscaba su pistola inútilmente.

El monstruo la sumergió por completo sujetando su pecho, rasgando su traje… Irina podía ver el rostro infernal a través del agua sucia, se ahogaba. Por fin empuñó la pistola se quedó quieta, dejó escapar algunas burbujas el monstruo se apartó y se puso en pie contemplándola…

Movió la cabeza vibraron sus mandíbulas, no era eso lo que quería y de un tirón la sacó del agua. Angustiado de amor bestial fue a abrazarla.

Entonces Irina disparó.